{"id":743,"date":"2026-03-16T16:56:05","date_gmt":"2026-03-16T15:56:05","guid":{"rendered":"https:\/\/sociedadcientificasanitaria.org\/tendencias-de-enfermeria\/?p=743"},"modified":"2026-03-29T16:23:02","modified_gmt":"2026-03-29T14:23:02","slug":"2025-04-001","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sociedadcientificasanitaria.org\/tendencias-de-enfermeria\/2025-04-001\/","title":{"rendered":"Editorial 2025-04-001"},"content":{"rendered":"<p>[et_pb_section fb_built=\u00bb1&#8243; _builder_version=\u00bb4.25.2&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb custom_padding=\u00bb7px|||||\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_row _builder_version=\u00bb4.25.2&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_column type=\u00bb4_4&#8243; _builder_version=\u00bb4.25.2&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_text _builder_version=\u00bb4.25.2&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb custom_margin=\u00bb||17px|||\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb]<\/p>\n<h3 id=\"TendenciasdeEnfermer\u00eda\">Tendencias de Enfermer\u00eda 1(4) 2025<\/h3>\n<p>[\/et_pb_text][\/et_pb_column][\/et_pb_row][et_pb_row _builder_version=\u00bb4.25.2&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_column type=\u00bb4_4&#8243; _builder_version=\u00bb4.25.2&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_button button_url=\u00bbhttps:\/\/sociedadcientificasanitaria.org\/tendencias-de-enfermeria\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/2025-04-001.pdf\u00bb button_text=\u00bbDescargar\u00bb _builder_version=\u00bb4.25.2&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb custom_button=\u00bbon\u00bb button_text_size=\u00bb13px\u00bb button_text_color=\u00bb#000000&#8243; button_bg_color=\u00bb#e8e8e8&#8243; button_border_color=\u00bb#000000&#8243; global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][\/et_pb_button][et_pb_text _builder_version=\u00bb4.25.2&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb]<\/p>\n<p>Autor para correspondencia: Isabel Rosa Galera P\u00e9rez<br \/>Correo electr\u00f3nico: <a href=\"mailto:tendenciasdeenfermeria@sociedadcientificasanitaria.org\">tendenciasdeenfermeria@sociedadcientificasanitaria.org<\/a><br \/>Link art\u00edculo: <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.56533\/AXHI4529\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">https:\/\/doi.org\/10.56533\/AXHI4529<\/a><br \/>DOI: 10.56533\/AXHI4529<\/p>\n<p>[\/et_pb_text][\/et_pb_column][\/et_pb_row][et_pb_row _builder_version=\u00bb4.25.2&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb custom_padding=\u00bb||3px|||\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_column type=\u00bb4_4&#8243; _builder_version=\u00bb4.25.2&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_divider color=\u00bb#545454&#8243; divider_weight=\u00bb5px\u00bb _builder_version=\u00bb4.25.2&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb width=\u00bb100%\u00bb custom_margin=\u00bb||22px|||\u00bb global_module=\u00bb283&#8243; saved_tabs=\u00bball\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][\/et_pb_divider][et_pb_text _builder_version=\u00bb4.25.2&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb custom_margin=\u00bb||5px|||\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb]<\/p>\n<h2><a name=\"_Toc196332927\"><\/a>Editorial<\/h2>\n<p>[\/et_pb_text][et_pb_text _builder_version=\u00bb4.25.2&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb]<\/p>\n<h4>Cuidar a quienes cuidan: bienestar, salud mental y sostenibilidad de la profesi\u00f3n enfermera<\/h4>\n<p>[\/et_pb_text][et_pb_text _builder_version=\u00bb4.25.2&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb hover_enabled=\u00bb0&#8243; global_colors_info=\u00bb{}\u00bb sticky_enabled=\u00bb0&#8243;]<\/p>\n<p>La enfermer\u00eda constituye uno de los pilares esenciales de cualquier sistema sanitario. Su presencia continuada junto al paciente, su capacidad para integrar conocimientos t\u00e9cnicos y relacionales, y su papel en la coordinaci\u00f3n, la educaci\u00f3n para la salud y la vigilancia cl\u00ednica la sit\u00faan en una posici\u00f3n estrat\u00e9gica dentro de la atenci\u00f3n contempor\u00e1nea. Sin embargo, esa centralidad no siempre se ha traducido en un reconocimiento suficiente de las condiciones reales en las que se ejerce el cuidado. Durante a\u00f1os, el debate profesional se ha centrado en la calidad asistencial, la seguridad del paciente, la innovaci\u00f3n cl\u00ednica o la evidencia cient\u00edfica. Todo ello resulta imprescindible, pero existe una cuesti\u00f3n que ya no puede seguir ocupando un lugar secundario: la necesidad de cuidar a quienes cuidan.<\/p>\n<p>Hablar del bienestar de las enfermeras no supone desplazar el foco del paciente, sino comprender que la calidad del cuidado depende tambi\u00e9n de la salud f\u00edsica, emocional y moral de quienes lo proporcionan. La profesi\u00f3n enfermera ha sostenido hist\u00f3ricamente una enorme carga asistencial, frecuentemente acompa\u00f1ada de alta exigencia emocional, presi\u00f3n organizativa, plantillas insuficientes, turnicidad compleja y exposici\u00f3n constante al sufrimiento, la incertidumbre y la toma de decisiones en contextos cl\u00ednicos dif\u00edciles. A ello se suma, en no pocos entornos, una escasa participaci\u00f3n en los espacios estrat\u00e9gicos donde se dise\u00f1an pol\u00edticas, se distribuyen recursos o se establecen prioridades institucionales. El resultado es un escenario en el que el compromiso profesional convive, demasiadas veces, con el agotamiento persistente.<\/p>\n<p>La fatiga emocional, el burnout, el estr\u00e9s cr\u00f3nico y el denominado sufrimiento moral no son conceptos abstractos ni modas terminol\u00f3gicas. Son realidades que afectan de forma tangible a miles de profesionales y que tienen consecuencias personales, organizativas y asistenciales. Cuando una enfermera trabaja de forma continuada en condiciones de sobrecarga, cuando percibe que no dispone del tiempo necesario para ofrecer el cuidado que considera adecuado, o cuando debe normalizar la presi\u00f3n constante como si fuera parte inevitable del oficio, el sistema no solo compromete su bienestar, tambi\u00e9n compromete su propia sostenibilidad. Ning\u00fan modelo sanitario puede aspirar a ser excelente si se apoya en profesionales exhaustos.<\/p>\n<p>Durante la pandemia esta realidad se hizo especialmente visible, pero ser\u00eda un error interpretarla como una anomal\u00eda ya superada. La crisis sanitaria actu\u00f3 como amplificador de problemas estructurales previos, no como \u00fanica causa de los mismos. Tras aquel periodo, lejos de cerrarse el debate, ha quedado m\u00e1s claro que nunca que la resiliencia del sistema depende de la resiliencia de sus profesionales, y que esta no puede entenderse como una responsabilidad individual desligada de las condiciones de trabajo. No basta con pedir adaptaci\u00f3n, vocaci\u00f3n o fortaleza personal. Resulta necesario revisar de manera cr\u00edtica las estructuras que generan desgaste y dificultan la permanencia en la profesi\u00f3n.<\/p>\n<p>La sostenibilidad de la enfermer\u00eda debe abordarse como una prioridad estrat\u00e9gica. Esto implica reconocer que la escasez de personal, la rotaci\u00f3n elevada, la precariedad contractual, la limitada conciliaci\u00f3n, la escasa autonom\u00eda en algunos contextos y la insuficiente valoraci\u00f3n social del cuidado forman parte de un mismo problema. Tambi\u00e9n implica asumir que retener talento no depende solo de incorporar nuevos profesionales, sino de crear entornos donde sea posible desarrollar una carrera larga, segura, intelectualmente estimulante y emocionalmente sostenible. Formar enfermeras y perderlas despu\u00e9s por desgaste, desmotivaci\u00f3n o falta de expectativas constituye un fracaso institucional que los sistemas sanitarios ya no pueden permitirse.<\/p>\n<p>[\/et_pb_text][\/et_pb_column][\/et_pb_row][et_pb_row _builder_version=\u00bb4.25.2&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb custom_padding=\u00bb||18px|||\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_column type=\u00bb4_4&#8243; _builder_version=\u00bb4.25.2&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_text _builder_version=\u00bb4.25.2&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb hover_enabled=\u00bb0&#8243; global_colors_info=\u00bb{}\u00bb sticky_enabled=\u00bb0&#8243;]<\/p>\n<p>En este contexto, el bienestar profesional no debe reducirse a intervenciones aisladas o simb\u00f3licas. No se protege la salud mental de las plantillas \u00fanicamente con talleres puntuales de manejo del estr\u00e9s, campa\u00f1as bienintencionadas o mensajes de reconocimiento en fechas se\u00f1aladas. Esas acciones pueden resultar \u00fatiles, pero son insuficientes si no van acompa\u00f1adas de medidas estructurales. El bienestar exige ratios seguras, liderazgo cercano y competente, estabilidad laboral, espacios reales de participaci\u00f3n, apoyo tras eventos adversos, cultura organizativa respetuosa y pol\u00edticas que favorezcan el descanso, la formaci\u00f3n y la conciliaci\u00f3n. Exige, adem\u00e1s, comprender que el cuidado emocional del profesional no es un beneficio accesorio, sino una condici\u00f3n para la pr\u00e1ctica cl\u00ednica segura y humanizada.<\/p>\n<p>La enfermer\u00eda necesita tambi\u00e9n un marco cultural que abandone definitivamente la idealizaci\u00f3n del sacrificio como atributo profesional. La vocaci\u00f3n no puede utilizarse como argumento para tolerar lo intolerable. El compromiso \u00e9tico con el paciente no debe convertirse en una coartada para invisibilizar el cansancio, normalizar la sobrecarga o culpabilizar a quien expresa malestar. Cuidar bien no significa cuidarse menos. Al contrario, una profesi\u00f3n fuerte es aquella que puede defender simult\u00e1neamente la dignidad de los pacientes y la dignidad de sus profesionales.<\/p>\n<p>Este debate interpela a gestores, responsables pol\u00edticos, instituciones acad\u00e9micas, colegios profesionales, sociedades cient\u00edficas y equipos directivos. La respuesta no puede recaer solo en las enfermeras, porque el problema desborda la esfera individual. Se requiere una visi\u00f3n de sistema capaz de traducir el reconocimiento discursivo en decisiones concretas. Invertir en enfermer\u00eda no es \u00fanicamente ampliar plantillas, aunque eso sea decisivo, tambi\u00e9n es construir entornos cl\u00ednicos donde el juicio profesional sea escuchado, la experiencia sea aprovechada y el desgaste no se convierta en el precio silencioso del cuidado.<\/p>\n<p>La profesi\u00f3n enfermera ha demostrado, una y otra vez, competencia, capacidad de adaptaci\u00f3n y una enorme responsabilidad social. Precisamente por ello, ha llegado el momento de situar su bienestar en el centro del debate cient\u00edfico, asistencial y pol\u00edtico. Cuidar a quienes cuidan no es una consigna emotiva, es una exigencia \u00e9tica, organizativa y sanitaria. De esa decisi\u00f3n depende no solo el futuro de la profesi\u00f3n, sino tambi\u00e9n la solidez de los cuidados que toda sociedad necesita.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Isabel Rosa Galera P\u00e9rez<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Directora<\/p>\n<p>[\/et_pb_text][\/et_pb_column][\/et_pb_row][\/et_pb_section]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La enfermer\u00eda constituye uno de los pilares esenciales de cualquier sistema sanitario. Su presencia continuada junto al paciente, su capacidad para integrar conocimientos t\u00e9cnicos y relacionales, y su papel en la coordinaci\u00f3n, la educaci\u00f3n para la salud y la vigilancia cl\u00ednica la sit\u00faan en una posici\u00f3n estrat\u00e9gica dentro de la atenci\u00f3n contempor\u00e1nea. Sin embargo, esa centralidad no siempre se ha traducido en un reconocimiento suficiente de las condiciones reales en las que se ejerce el cuidado. 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